Islandia: crónica de un inicio desastroso de vacaciones.

lunes, febrero 25, 2019

Los posts sobre viajes son los que peor acogida tienen en el blog. Supongo que a poca gente le interesa leer sobre viajes que no piensa hacer. Soy la primera que únicamente lee blogs de viajes cuando lo necesito para organizarlo y conocer las opiniones de otros que han ido antes. Como excepción si que leo posts sobre viajes a lugares cercanos y que me animan a hacer escapadas.

Pero este no es el caso de Islandia, ya que no es cercano y mucho menos barato. Por lo que siguiendo con la idea de que poco te puede interesar de mi viaje a Islandia, y aprovechando la reclamación que me ha tocado presentar a la compañía de viajes con la que reservamos, se me ha ocurrido contarte el inicio de viaje más desastroso jamás contado. Puedo decir que en mi vida me han ocurrido semejante concatenación de despropósitos.




En agosto buscamos los vuelos a Islandia a través del buscador Skyscanner, el cual nos dirigió a la página Kiwi.com donde al final compramos los billetes del vuelo  Bilbao - Islandia, haciendo escala de tres horas en Amsterdam. Contando con tanto tiempo, fuimos reservando alojamientos y alquiler de coche a medida que definíamos nuestra ruta. Pensamos qué ropa llevar, si facturar o no maleta, conseguimos una guía de Lonely Planet, nos informamos de todo. Solo quedaba que llegase el día 2 de enero para empezar el año 2019 por todo lo alto.

Nuestro vuelo Bilbao- Amsterdam salía a las 7 de la mañana por lo que tras un bonito madrugón llegamos a Amsterdam sobre las 9 de la mañana.  Fuimos a recoger el equipaje facturado y nos dispusimos a volver a efectuar la facturación, en el mostrador indicado para el vuelo con destino Islandia. Al ser dos compañías distintas nos hacían coger las maletas y volver a facturarlas. Sin problema hasta el momento, pero (empiezan los peros) al presentar los documentos de identidad para que nos entregasen las tarjetas de embarque del nuevo vuelo, la mujer del mostrador de compañía aérea  nos dijo que nuestros datos no aparecían en la lista de pasajeros de aquel vuelo.  Te puedes imaginar nuestras caras de, what??? 








Ya un poco nerviosos, acudimos al mostrador de atención al cliente de esta compañía para aclarar este malentendido. Sin conseguir nada, decidimos ponernos en contacto directamente con la operadora con la que habíamos contratado este viaje, Kiwi.com. Aumentando mi nivel de nerviosismo en cada minuto que pasaba, nos dice que dos semanas antes de la fecha de inicio del viaje, hubo una modificación en el trayecto del viaje, y que la escala debió producirse en el aeropuerto de Bruselas (Belgica) y no en Amsterdam (Holanda). Cosa que se les pasó avisarnos y cambiarnos la escala. Te puedes imaginar nuestras caras...


Así las cosas, tras el shock inicial y disgusto, exigimos una solución para poder llegar a nuestro destino final. Lo más lógico hubiese sido que nos reservaran pasaje en el vuelo en el que supuestamente debíamos haber viajado, pero, siendo que quedaban menos de dos horas para la salida de este vuelo, no pudieron reservarnos plazas. La segunda opción pasaba por buscar otro vuelo con destino Islandia para esa misma fecha. Finalmente, conseguimos que nos reservaran en un vuelo con escala en Copenhague, con hora de salida prevista para 17.30h y de llegada a Copenhague a las 18.50h y salida con destino final a Reykjavik a las 20.05h. Hora prevista de llegada a Reykjavik, a las 22.25h. 

Como no hay mal que por bien no venga, aprovechamos estas horas para ir a la ciudad de Amsterdam y visitarla durante un par de horas. Hasta ya le veía su lado bueno al haber perdido el primer día en Islandia. Lo malo, que como en principio íbamos a llegar a las 14.00 a Islandia, teníamos reservado el alquiler del coche para esa hora y el alojamiento a 96km de Keykjavik. Es decir, nos tocaría conducir de noche hasta el alojamiento. Aun así avisamos tanto a la agencia de alquiler como al alojamiento y no nos pusieron ninguna pega ante estos cambios de horario.


Una vez visitado Amsterdam, con la compra de bulbos de tulipanes de rigor incluido, volvimos al aeropuerto para coger el siguiente vuelo. Destino, Copenhague. Pero... el vuelo con destino Copenhague sufrió un retraso es su hora de salida, que hizo que finalmente el avión despegara a las 18.30h. Habiendo un trayecto de 1h 20m, aterrizamos en el aeropuerto de Copenhague a las 19.55h. Es decir, 10 MINUTOS ANTES DE LA HORA DE SALIDA DEL VUELO DE CONEXIÓN A ISLANDIA. Adrenalina.



Aunque resulte increíble, tras una carrera maratoniana por el aeropuerto de Copenhague, acompañado de sudor y lágrimas- permíteme ponerle un toque de drama- conseguimos llegar a la puerta de embarque y entrar en el avión. Al menos tuvieron el detalle de colocarnos en asientos business! La verdad sea dicha, tras la carrera que nos pegamos nos costó disfrutarlos por el ataque de asma que sufrimos ambos (estamos hechos el uno para el otro).

Finalmente, tras ver varios capítulos de Friends, y tras cenar acompañado de una copa de vino (¡me lo merecía!), llegamos por fin a Islandia!



Pero esto no acaba aquí amigas. Tras una espera eterna delante de las cintas de recogida de equipajes, ocurrió lo que ya nos temíamos cuando llegamos al avión. Nosotros habíamos llegado, pero no nuestras maletas. Por lo tanto 22.30h ya pasadas, nos dirigimos a poner la correspondiente reclamación por pérdida de equipaje en el mostrador de la compañía de vuelo. En él, nos informaron que probablemente nuestros equipajes llegarían en el vuelo con origen Copenhague que había programado para el día siguiente, 3 de enero. El problema era que para la entrega de equipajes fuera de Reykjavik, el transporte encargado del reparto salía a las 7 de la mañana, y el vuelo en el que se suponía que llegaban nuestras maletas llegaba a las 11 de la mañana. Por lo tanto, las opciones eran, o quedarnos sin maletas hasta el día 4 de enero o volver al aeropuerto a recogerlas al día siguiente. 



Abandonamos el aeropuerto sin maletas y cada uno con un neceser de cortesía bajo el brazo. Salimos con la intención de coger el autobús lanzadera que nos trasladase a recoger el vehículo de alquiler. Pero, (otra vez un pero) cuando ya parecía que la cosa no podía ir a peor, estando en medio de unos pabellones, nos encontramos con la persiana de la agencia de alquiler de coches bajada. Estaba cerrada. Llamamos al teléfono de contacto que la agencia para saber que cojones pasaba. La respuesta que nos dieron es que finalmente nadie pudo acudir a recibirnos a aquellas horas y que habían intentado contactar con nosotros para informarnos pero que no habían podido localizarnos. Lógico, ya que estábamos en pleno vuelo a  tierra prometida.





En resumen: medianoche, nos encontrábamos entre pabellones, sin maletas, sin coche, sin poder llegar al alojamiento reservado a 96 km y con un viento que aquí se consideraría ciclogénesis explosiva. Pero, (ahora es uno bueno) gracias a la ayuda de un joven que a esas horas seguía trabajando en la agencia de alquiler de coches cercana a la contratada por nosotros, reservamos alojamiento en un hotel cercano al aeropuerto al cual nos trasladamos en taxi al que este amable joven se encargó de llamar. Lo mejor que podíamos hacer es dormir y olvidarnos del día horribilis. 




El día siguiente, llegaron las maletas, recogimos el coche, salió el sol y empezamos a disfrutar de Islandia, que es a lo que habíamos ido. Bueno, para no ser más exactos, resultó que una rueda del coche tenía un pinchazo así que tuvimos que visitar un taller mecánico al día siguiente. Pecata minuta para nosotros.


Ahora solo queda que nos compensen por la monumental equivocación de Kiwi.com y todo el efecto mariposa que produjo. 

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